La Ciudad de México enfrenta un riesgo sísmico único debido a su geología particular. La capital fue construida sobre el Lago Texcoco, cuyas antiguas capas lacustres de arcilla blanda tienen propiedades que amplifican significativamente los movimientos sísmicos.
Cuando las ondas sísmicas generadas en las zonas de subducción del Pacífico (a 350+ km de distancia) alcanzan estas capas blandas, su amplitud se incrementa dramáticamente. Esto significa que un terremoto de magnitud 8.0 en Guerrero puede causar más daño en CDMX que en zonas más cercanas pero con mejor geología.
El período natural de vibración del subsuelo de la Ciudad de México es de 2-3 segundos, lo que coincide con los períodos de muchos edificios de 6-10 pisos. Esta resonancia causa oscilaciones exageradas en estructuras de mediana altura, explicando por qué se vieron más daños en edificios de estas alturas durante 1985 y 2017.
Los residentes de CDMX deben estar conscientes de que viven en una zona de riesgo sísmico extremadamente alto. La inversión en refuerzo estructural y seguros es altamente recomendada.