El cambio climático está alterando significativamente los patrones e intensidades de los desastres naturales. El aumento de la temperatura global promedio hace que los sistemas atmosféricos y oceánicos contengan más energía, lo que conduce a eventos climáticos más extremos.
El aumento del nivel del mar aumenta el riesgo de inundación en las áreas costeras. Simultáneamente, las aguas oceánicas más cálidas promueven huracanes y tifones más fuertes. El huracán Otis que azotó Acapulco en 2023 fue impulsado por agua cálida que proporcionaba energía disponible.
Los patrones de lluvia cambiantes aumentan el riesgo de inundación en algunas regiones y el riesgo de sequía en otras. Por ejemplo, la inundación de Tabasco en 2010 está vinculada al aumento de la intensidad de las precipitaciones impulsada por el cambio climático.
Los terremotos y la actividad volcánica no son causados directamente por el cambio climático, pero el cambio climático complica la recuperación de desastres y requiere modelos de evaluación de riesgos actualizados.